23 | 11 | 2017

Tesis sobre el proceso

Felipe Cuevas Méndez

La situación política de México cambió aceleradamente, montándose en una ola de transformaciones que no hacen más que comenzar. Un pueblo postrado, entregado a merced de los poderosos, sometido a la descomposición del capitalismo, subyugado por vía de la violencia, doblegado por el peso implacable de las relaciones económicas; es lanzado a la lucha y su cohesión por las condiciones desesperantes, de donde resurge con arrestos que hacen honor a sus gloriosas generaciones y dan sentido a su historia en el camino de la libertad. Frente a las amenazas del sistema tiene por delante un largo proceso multidimensional del que será creador en la lucha. Sobre esto ponemos a consideración los planteamientos siguientes.

1.- El crimen de Estado perpetrado contra los estudiantes de Ayotzinapa y todo el pueblo mexicano, cambió definitivamente el contexto político del país aglutinando el conjunto de sus problemas largamente acumulados por el régimen, haciendo que para el pueblo sea posible su comprensión y toma de conciencia generalizada. Resurge la lucha campesina, Atenco se une con sus propias banderas, el EZLN alza su voz, la unidad estudiantil se fortalece, el pueblo en general reclama justicia. A partir de este crimen con sus manejos subsecuentes todo se torna más claro, existen en México relaciones de dominación de las cuales el Estado, la burguesía y sus partidos políticos son portadores. La atrocidad cometida por el narco-Estado lo aísla de la colectividad estremecida haciéndolo repudiable por todas sus transgresiones y las calamidades que se viven. Es ya un crimen de Estado continuado por cuanto su expediente se amplía desde el 26 de septiembre a la fecha, en el entendido que este sigue en proceso, el poder político se afana en hacer todo lo que está a su alcance para ocultar, enturbiar, criminalizar, reprimir y maniobrar a su favor sin resolver nada de la demanda popular.

2.- Aflora la crisis del Estado reforzando la catástrofe económica y social del país. Nadie ha dañado al Estado y la burguesía más que ellos mismos con su actuación, este reino del interés monopólico, tal organización política general de la sociedad diseñada para el control de las clases populares; se encuentra disminuido en sus funciones de imponer el viejo orden. No permitamos minimización ni banalización de los hechos, el Estado llegó a la crisis de su constitución social por sí mismo, las prerrogativas del poder sufren de agotamiento en sus estructuras republicanas y mecanismos socio-políticos de existencia. Ya que fortalecieron la depredación de nuestra fuerza de trabajo dentro y fuera de las fronteras, realinearon la estructura económica como apéndice en la internacionalización del capital, entregaron la soberanía al imperialismo, desmantelaron los escenarios públicos imponiendo su privatización; sepultaron su anterior cohesión social estratificada por una plutocracia monopolista descarada. En la crisis del Estado la elite burguesa y el imperialismo colocan al país en un escenario de indefensión frente al “implacable designio capitalista”, de disolución de la identidad nacional, de desvanecimiento de la justicia y las libertades políticas siempre escamoteadas, de suplantación del laicismo por la intromisión del oscurantismo en los asuntos públicos, de desintegración económica, política, territorial y organizativa de la vida social, y de arrebatar al pueblo su ser social para transfigurarlo a ente pasivo esclavizado a la voluntad suprema del capital con su sed de posesión ilimitada al cual poco le importan sus orígenes siempre que sirva con sus propósitos.

3.- Con este crimen de Estado comienza una crisis política en torno a las agresiones del régimen, sus problemas generales y de la oligarquía financiera para garantizar su hegemonía frente a la inconformidad y movilización popular. A pesar del deterioro de su sistema la clase dominante está segura de sí misma, de que sus móviles y acciones son lo único justificable para que mengüe la crisis. Tratándose de un Estado autoritario extremadamente rígido, que tras la fachada democrática destapa su sistema de estatus y elites, todo su modo de operar lo tiene asentado, dispuesto y decidido para impedir el ejercicio de los derechos históricos del pueblo mexicano y sus luchas, no aceptan errores ni admiten otras salidas distintas a su institucionalidad. Mas por instinto que por evaluación o rectificación de sus posiciones, el régimen apuesta a la rutinaria solución represiva con los señuelos del Estado de derecho, el cauce institucional, la paz pública y el bienestar de la economía monopolista. La crisis política cierra las posibilidades de solución en los márgenes del Estado y sus medios constitucionales previstos, vuelve ineficaz toda tentativa del régimen por llevar su festín en paz.

4.- Los imperialistas y el gran capital establecidos en el país intervienen virulentamente para apaciguar al pueblo, no prometen nada a cambio salvo tibias propuestas de evaluación sobre sus crímenes constantes. El Departamento de Estado gringo insta a la calma con la que nos vienen despojando de la riqueza del país, en tanto el FMI apela al tema del crecimiento económico de los ricos para que todo vuelva a su normalidad, haciendo escuetos pronunciamientos de “aclaración” de los hechos. Pero dada la desaceleración económica, el descenso de los precios del petróleo y las prioridades financieras, tienen escaso valor los alientos de esas fuentes. Los pronunciamientos del imperialismo nunca entran en la casualidad, responden a una lógica y agenda estratégica en que adelantan el intervencionismo, dan su respaldo a la elite en el poder, rechazan el desbordamiento popular, instruyen su línea de acción, a la vez que replantean los cimientos de una nueva supremacía sobre el país en que se imponga una forma seudo estatal controlada firmemente desde sus dependencias.

5.- Las contradicciones interburguesas y sus mecanismos de hacer riquezas extremas colapsan, los conflictos de sus barras políticas se agudizan aunque dentro de diversas posturas oligárquicas neoliberales en crisis (PRIAN) o socialdemócratas en bancarrota (PRD). En estas condiciones no es extraño que el gobierno mexicano haya suspendido la contratación para construir el tren México-Querétaro sometiéndose a la presión de los monopolios ligados al hegemón yanqui golpeando los intereses transnacionales de China en contubernio con monopolios ligados a Peña Nieto, bajo el falso argumento de la “transparencia” que no aplicaron. El tema de la licitación en favor del consorcio integrado por Constructora y Edificadora GIA+A (ligada a Carlos Salinas De Gortari), Promotora y Desarrolladora Mexicana, Constructora Teya (ligada a Peña Nieto y la casa blanca en Las Lomas de Chapultepec, construida y vendida por la empresa Inmobiliaria del Centro, filial del Grupo Higa, grupo del que también forma parte la Constructora Teya) , GHP lnfraestructura Mexicana, China Railway Construction Corporation Limited, China Railway Construction Corporation (International) Limited; China Railway Construction Mexico y CSR Corporation Limited; fue “destapado” por el PAN en disputa con Salinas de Gortari y Peña Nieto que “jugaron sucio” a Bombardier, Siemens, Alstom, ICA y Grupo CARSO (encabezado por Carlos Slim), celosos guardianes del imperialismo occidental. Aunque esta es una de tantas manifestaciones de las contradicciones, Peña Nieto se metió en otro avispero de conflictos inter-burgueses, fue sometido por sus amos para que controle sus apetitos bajo las alianzas autorizadas (pueden tolerar su corruptela, mas no el doble juego) de no ser así, ellos mismos se encargarían de despedirlo, aún así, dado que está sentado en un polvorín que requiere de ciertos indicios de actividad económica al alza, adelantó proyectos de inversión productiva con China nada gratos al imperialismo.

6.- Justo en este momento que se enredó el tablero de la política burguesa, se prepara para ejercer acciones represivas de oficio al máximo nivel, impacientándose según ella por el desarrollo de los acontecimientos que provocó. Peña Nieto insiste en cerrar con la fuerza lo que para sus huestes es sólo un episodio más en su régimen de ejecuciones y desapariciones, con la consumación total del crimen mediante el uso ejemplar del aparato represivo. Toda la mafia del poder político-económico coincide en la máxima represión, solo difieren sobre quién de entre ella debe pagar los costos políticos. La represión está en su momento de provocaciones y agresiones, pero elabora un plan articulado que desbarate el movimiento popular, para el cual tendría que poner en acción todos sus instrumentos. Tal toma de política inmediata por la burguesía el pueblo debe prepararse y desmantelarla con premura paralizando sus aparatos represivos agitando más sus banderas para oponerles una fuerza superior a las capacidades represivas del Estado.

7.- Con todo, se inaugura un proceso de lucha política y democrática de tendencias revolucionarias, con una cita clave este 20 de noviembre para definir en los hechos el rumbo de la lucha de clases. Las metas consisten en afirmar los sectores combativos al tiempo que se forja la alianza popular y el desarrollo de nuevos sectores en movimiento, así también en la activación del campesinado y sectores medios para que proclamen sus demandas en conjunción con el repudio al régimen. El siguiente paso consistirá en la afirmación del trabajo de reactivación en el seno de la clase obrera, hoy por hoy la más custodiada por la burguesía, para que pueda cumplir su papel de paralizante del capitalismo e impulsar una nueva correlación de fuerzas para la lucha. Con esta unidad de clase que alumbre formas de organización popular, que concentre fuerzas en la forma de asamblea popular; las perspectivas se ampliarán y las posibilidades de victorias se harán reales, el régimen tendrá que responder por su crimen y por las consecuencias en que ha colocado al país.

8.- La renuncia de Peña Nieto por responsable de las injusticias e ineptitud renombrada, debe establecerse desde abajo, sin acuerdos de alcoba para “casos extremos” como vienen dibujándose entre la clase política, los monopolios y el imperialismo en una transición manejable hacia el mismo pantano de siempre. Este es sólo un personaje, pero su caída tendrá un efecto acelerador de la lucha revolucionaria, no cambia el carácter del Estado y la política general de los poderosos, no obstante abre una gran oportunidad de cambios democráticos en el accionar de masas y el despertar a una vida política con más derechos para combatir al capital. El Poder maquina con su arsenal constitucionalista, aplanadoras electorales de sus partidos, y sus controles para aplicarnos el esquema de las primaveras árabes en detrimento de las perspectivas revolucionarias, por ello no habrá tregua ni concesión a las manipulaciones, sino que una nueva forma de poder popular y proletario deberá jugar un rol importante en la conducción de la situación para establecer otros mecanismos verdaderamente democráticos donde sea el pueblo, sus tiempos, sus procedimientos y sus intereses quienes pesen por sobre todo.

9.- Se abre un proceso de lucha para forjar una transición democrática y revolucionaria en el país. De este proceso es de lo que debemos alcanzar una conciencia amplísima, mayoritaria, con sus debates y sus diversidades, firme en el propósito de conquista, dialéctica en el desarrollo de sus premisas democráticas y sus nuevas relaciones sociales. Este proceso revolucionario se confronta al falso progreso capitalista cuya alternativa es la entrega de nuestro país, la disolución del Estado-nación y la pauperización generalizada. La burguesía ha sembrado la confrontación social, lo que rechaza es que se le responda y se quiera un mundo mejor. Un poder popular se presenta como necesidad en la construcción del país, apoyándose en un gobierno obrero, campesino y popular, el tiempo que se tome este proceso dependerá del desarrollo de distintos factores tales como el fortalecimiento político de las clases y sectores populares en la lucha, una serie de pugnas en que se socave la hegemonía burguesa e imperialista, el alcance de varios objetivos como la presentación con vida de los 43, la caída de Peña Nieto, la organización del soberano, y la asimilación del papel revolucionario que el pueblo cohesionado puede cumplir guiado por su fuerza proletaria.

10.- La unidad revolucionaria y su nueva organización son claves por las que ha de medirse la fuerza del movimiento del pueblo, de sus clases y sectores protagonistas, de sus juventudes y clases trabajadoras, de sus mujeres y magisterio, de sus indígenas y guerrilleros, de sus intelectuales y marginados. La unidad pone en el centro los intereses sociales de todo el pueblo, no los de un sector en particular, la unidad estimula la organización de base, la democracia directa y la perspectiva de cambio anticapitalista; no impone plataformas, sino que las armoniza todas para con ellas hacer una más poderosa. Esta unidad se hace eco de todas las voces y todas las formas de lucha, de todos los sectores y todas sus nociones para combatir al régimen, no desestiman esfuerzos grandes o pequeños, no estipula puritanismos, cree en sus fuerzas y es en ellas que basa su acción. Se enmarca en el carácter global, integrador de todas las resistencias y golpes contra el sistema capitalista, es por así decir, la inserción de todas las formas de lucha, que las irá impulsando y desarrollando en correspondencia con su crecimiento hacia el planteamiento proletario del poder popular.

11.- El desarrollo del movimiento es primordial en el adelanto de la conciencia, y viceversa, es un binomio fundamental para forjar la lucha contra este sistema de dominación, de explotación y opresión. Habrá de forjar sus líneas de formación en que se destapen las estrategias y acciones del régimen, su condición de clase contraria a nuestros intereses. La conciencia social requiere forjar el tránsito a conciencia de clase, a conciencia de horizonte propio, socialista y revolucionario para cumplir tantas tareas en el desmantelamiento del Estado burgués. El movimiento acierta cuando rechaza la mediatización de la conciencia, cuando se sujeta a los pequeños cambios concretos en la correlación de fuerzas para recobrar impulso en la lucha revolucionaria y democrática por el cambio de régimen, esto le dará conciencia de la emergencia en soluciones concretas al desarrollo de sus fuerzas y las tácticas de construcción de su organización social. El movimiento enseña a las revolucionarias y los revolucionarios a pensar objetivamente, a desechar las ilusiones dogmáticas entregándose al trabajo político real, de relaciones fraternas que dignifiquen la causa popular y amplíen las dimensiones de su tarea.

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