17 | 12 | 2017

Los Consejos Populares: el poder que nace desde abajo

Julio Cota, miembro del Buró Político del PCM, Director de El Comunista.

Los Consejos Populares en Guerrero son los embriones del nuevo poder desde abajo. Un experiencia más que exige nuestra atención porque ahí se gesta una salida a la crisis del Estado capitalista. Sin embargo, los monopolios de la desinformación se empeñan en mostrar destrozos y “vandalismo” en las acciones de protesta de los normalistas y el Movimiento Popular Guerrerense; pero lo que hay detrás de estas acciones, es la capacidad organizativa y política del proyecto que se está gestando: el nuevo poder desde abajo a través de los Consejos Populares en varias regiones del estado de Guerrero.

Para algunos esta es una coyuntura más que tiene su demanda principal en la presentación con vida de los 43 normalistas desparecidos y el castigo a los culpables por los crímenes de lesa humanidad. Sin embrago, limitarse a estás legítimas exigencias sería caer en la inercia del movimiento sin visualizar una alternativa real a la crisis del Estado capitalista, los asesinatos y desapariciones forzadas. La propuesta debe ser clara: crear y expandir el poder obrero y popular en cada rincón del país.

Sin duda los referentes históricos de la clase obrera se remontan a la Comuna de París, los soviets y la Revolución de Octubre, los Consejos Obreros de Turín en Italia entre otras experiencias. Sin embargo, en nuestro contexto contamos con experiencias de poder popular recientes como las Juntas de Buen Gobierno del EZLN, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias Policía Comunitaria (CRAC-PC), por mencionar algunas.

Debemos estar claros en que la lucha de clases no es homogénea ni mecánica. En Guerrero y Oaxaca el movimiento popular va identificando al enemigo, reflejo de ello son las acciones ofensivas bien planificadas contra las instituciones burguesas. Esto tiene que ver, entre otros factores históricos, por la composición de clase de los normalistas, hijos de campesinos pobres, aliados naturales del proletariado, que al igual que este, no tienen ya nada que perder, de ahí su radicalidad y consecuencia en la lucha.

Mientras tanto, en las ciudades, las capas medias, estudiantes, empleados de servicios, comunidad académica, pequeños comerciantes, entre otros; oscilan temerosos entre la política pequeñoburguesa pacifista, el oportunismo moribundo de la socialdemocracia del PRD y Morena, y en menor medida pero de manera firme, la política proletaria de ofensiva contra sistema capitalista en su conjunto.

Por ello, el proletariado aunque por el momento “ausente” como clase para sí, no significa que su papel ya no sea determinante; por el contrario, hoy más que nunca los trabajadores industriales, que hasta ahora de manera espontánea han venido realizando un serie de protestas aisladas pero constantes, deben visualizar que el Estado capitalista asesino de estudiantes y campesinos, es el mismo que los violenta y los oprime mediante despidos, represión laboral, bajos salarios y condiciones laborales deplorables.

La clase obrera no sólo tiene una oportunidad real de quitar a Peña Nieto del poder, sino además la posibilidad de echar abajo la reforma laboral y el paquete reformas estructurales que laceran y seguirán lacerando a las familias proletarias de nuestro país hasta que la parte más consciente del proletariado oriente la lucha conjunta con el movimiento popular iniciado en Guerrero.

Hablar de paro nacional y huelga general, seguirá siendo un simple deseo mientras no se dé un trabajo real dentro de los centros de trabajo estratégicos que despierte un movimiento obrero y sindical clasista que rompa con las cadenas de la CTM, pilar fundamental del Estado capitalista. Hablar de Asamblea Constituyente por decreto sin un poder obrero y popular que la respalde en los hechos, es hacer castillos en el aire. El dirigente revolucionario del primer Estado obrero y campesino del mundo, V.I. Lenin señaló que no debemos “implantar ninguna transformación que no esté ya perfectamente madura en la realidad económica y en la consciencia de la inmensa mayoría del pueblo”.

Lenin de forma clara y explícita señaló que: “para convertirse en Poder, los obreros conscientes tienen que ganarse a la mayoría: mientras exista violencia contra las masas, no habrá́ otro camino para llegar al Poder. No somos blanquistas, no somos partidarios de la toma del Poder por una minoría. Somos marxistas, partidarios de la lucha proletaria de clase contra la embriaguez pequeñoburguesa, contra el defensismo chovinista, contra las frases hueras, contra la dependencia respecto de la burguesía”.

Los Consejos Populares en los hechos comienzan a generar un poder político, económico y de seguridad comunitaria mediante sus propios órganos de impartición de justicia. Lo anterior debido a que en su propia experiencia, los campesinos pobres e indígenas se dieron cuenta de que los cuerpos represivos como la policía y ejército burgués son parte del problema de violencia y criminalidad que provoca el Estado capitalista. Además, se dieron cuenta de que sólo “hay un medio de impedir la restauración de la policía: crear una milicia popular y fusionarla con el ejército (sustitución del ejército permanente por el armamento de todo el pueblo)”, como lo señaló Lenin.

La alternativa real se encuentra en los Consejos Populares, Consejos Obreros, Consejos Estudiantiles, las experiencias de las asambleas populares, organizaciones de colonias y barrios. Aunado a esto la clase obrera deber ir ejerciendo en los hechos su poder desde los centros de trabajo, sin importar el nombre que fuere, dichos instrumentos organizativos: comités sindicales, consejos obreros, comités de fábrica dentro de sindicatos reaccionarios o de los llamados independientes etc. La experiencia histórica demuestra que poco a poco ante la crisis del poder burgués, irán surgiendo los instrumentos organizativos de la clase obrera para la autodefensa ante el periodo que se avecina, y de esta manera se podrá preparar una ofensiva más contundente contra el régimen asesino y explotador capitalista.

Por lo tanto, debemos decirlo abiertamente, no hay atajos para la revolución socialista. No hay solución a la barbarie dentro de marcos y gestión del Estado capitalista en crisis.

Quien ilusamente crea que las elecciones del próximo año podrán cambiar algo, es un ingenuo o un descarado oportunista. No se puede legitimar a un régimen asesino y sus partidos electorales que han hecho de las votaciones y la democracia representativa burguesa, una empresa más del crimen organizado.

Puede abrirse un periodo pre-revolucionario y eso depende de la capacidad orientadora y organizativa de las fuerzas revolucionarias. Los comunistas sin distracciones debemos seguir nuestro camino, lento pero seguro junto a la clase obrera, la única clase que por su lugar en la producción tiene la capacidad de colapsar el sistema y generar desde los centros de trabajo, las bases de la nueva sociedad con verdadera paz y bienestar para las mayorías trabajadoras.

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