Viernes, 18. Agosto 2017

Homenaje del PCM al Comandante Fidel Castro

Rendimos homenaje al Comandante Fidel Castro, comunista y revolucionario ejemplar

El domingo 14 de agosto, en la Universidad Obrera de México, en la Ciudad de México, el Partido Comunista de México rindió homenaje al Comandante Fidel Castro en ocasión de su 90 aniversario, contando con la presencia de compañeros de la Embajada de Cuba y del Partido Comunista de Cuba. A la actividad fueron invitados el PPS y el PPSM, quienes presentaron un saludo. Por el PCM se presentaron las intervenciones del Comité Regional del Valle de México, del Buró de la Federación de Jóvenes Comunistas. A continuación presentamos la intervención del camarada Pável Blanco Cabrera, Primer Secretario del Comité Central del PCM.

 

 

Camarada José Alberto Prieto, Consejero Político de la Embajada de Cuba

Camaradas del Partido Comunista de México y de la Federación de Jóvenes Comunistas

Compañeros de organizaciones amigas:

Nos reunimos hoy para conmemorar el 90 aniversario del natalicio del Comandante Fidel Castro Ruz, una vida dedicada no solo a la lucha por la emancipación del pueblo de Cuba, sino también a contribuir a la lucha revolucionaria por el socialismo y para la emancipación y libertad de los explotados y oprimidos de todos los pueblos del mundo.

El marxismo-leninismo demuestra que en la historia el motor de desarrollo es la lucha de clases, que la lleva siempre por una ruta ascendente, pero no lineal, sino en espiral, con recovecos, dificultades, retrocesos temporales, periodos de estancamiento, con saltos cualitativos y que en ella el papel protagónico lo tienen siempre las masas, es decir las clases explotadas y oprimidas, las hacedoras de las transformaciones, el sujeto de las revoluciones sociales. Pero la concepción materialista de la historia explica también el papel excepcional de las personalidades en la historia, que refuta la concepción de las clases dominantes acerca de los dioses, los mesías, los superhéroes, los individuos ungidos por las divinidades o linajes, que acuden de salvadores de los pueblos azotados o en dificultades, o que igualmente los condenan a la postración; por el contrario, la concepción materialista de la historia aclara los diversos factores que confluyen en la miseria, hambre y muerte que condenan a un pueblo a la infelicidad, y los que los pueden convertirlo en arquitecto de su propio destino al ponerlos de pie y hacerlos conscientes; si por una parte, a la visión de los explotadores conviene responsabilizar a un individuo por las injusticias y calamidades para eximir a un modo de producción dado y prolongar su dominación, al punto de vista de los explotados le es necesario e imprescindible evidenciar que en todo caso, detrás de los individuos se encuentra una posición de clase, una dictadura de clase, un Estado, un sistema económico, que la lucha no es entre el bien y el mal, sino entre explotados y explotadores, más también que en las luchas hay personalidades que pueden expresar las ideas colectivas, representarlas, simbolizarlas, condensar las aspiraciones de una clase, de un pueblo, de una época: así ocurrió con Espartaco, y al nombrarlo se expresa la lucha de los esclavos contra los esclavistas, y así de mujeres y hombres con los que se identifican determinadas luchas, momentos. Y en el modo de producción moderna, que es el capitalismo, el antagonismo entre burguesía y proletariado, la forma más elevada de lucha de clases son los partidos, los estados mayores, que en ocasiones también producen personalidades cuya vida es asociada a la lucha revolucionaria del proletariado: Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Ilich Lenin, Iosif Visarionovitch Stalin.

La grandeza de los procesos revolucionarios que se engendraron a partir de la Gran Revolución Socialista de Octubre fue prohijando personalidades de la misma dimensión: Ho Chi Minh al lado del Partido Comunista de Vietnam y de la Revolución vietnamita; José Díaz y Dolores Ibarruri al lado de los comunistas y republicanos españoles; Ernest Thaelman y Erick Honecker con los comunistas y luchadores antifascistas en Alemania; Georgi Dimitrov por los comunistas y antifascistas de Bulgaria; Manuel Marulanda con la lucha de la Revolución Colombiana; y así podríamos continuar, pues afortunadamente el movimiento obrero y comunista son miles y miles los cuadros, mujeres y hombres que nos prestigian, nos llenan de orgullo, son ejemplo, y a esa pléyade pertenece Fidel Castro, llamado el Aquiles Comunista, por el periodista portugués Miguel Urbano.

Nosotros no vamos a incurrir en el falso elogio de equiparar al homenajeado con Marx, Engels o Lenin, eso sería un absurdo, pero si reconoceremos al marxista-leninista consecuente, al jefe revolucionario, al comunista consecuente, al internacionalista impecable, al solidario permanente.

La lucha revolucionaria del pueblo cubano demuestra la talla del revolucionario que es el Comandante Fidel Castro, que entendiendo las contradicciones y límites de la dictadura batistiana, la injerencia del centro imperialista norteamericano inició un trabajo de politización de masas utilizando los marcos de la putrefacta formalidad democrática, hasta hacer que miles cobraran consciencia de la necesidad del proceso insurreccional, que junto con Abel Santamaría y muchos cuadros, forjó a detalle, como el artista que esculpe la piedra, para llegar el 26 de Julio de 1953 al Moncada con un movimiento social y político armado para la liberta del pueblo cubano; que con genialidad supo transformar una derrota militar en una victoria política que levantó la simpatía popular que se desbordó en apoyo a la Generación del Centenario; sus dotes de cuadro político y militar de conductor revolucionario se fueron manifestando a lo largo de esos años, al trazar la continuidad del proceso insurreccional de Tuxpan a Las Coloradas, para hacer de la Sierra Maestra el centro dirigente del proceso político para derrocar la opresión y que con gran vocación unitaria logró articular en una sola dirección a fuerzas disímbolas en un objetivo coherente, con gran dominio de la táctica, sin comprometer el programa, pero sí sumando sin sectarismo alguno para hacer más corto el camino que llevara al fin de los sufrimientos del pueblo cubano, lo que finalmente habría de alcanzarse el Primero de Enero de 1959, gesta que habría de indicar para los pueblos de América una nueva hora, la de las luchas revolucionarias por el socialismo.

Con gran maestría Fidel supo proyectar esa revolución democrática en una revolución socialista, lo que proclamado en abril de 1961, fue también la confrontación abierta con el imperialismo norteamericano, que por primera vez fue derrotado política y militarmente en el Continente, en Bahía de Cochinos, en Playa Girón.

En la Crisis de los Misiles, Fidel y la Revolución Cubana, con gran firmeza de principios manifestaron la voluntad de un pueblo y una revolución para construir el socialismo en el área de influencia de los EEUU, derrumbando el mito del fatalismo geográfico, argumento principal de los reformistas de entonces para contener las luchas radicales de la clase obrera y de los pueblos.

La obra social de la Revolución Socialista contribuyó a demostrar la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, con la reforma agraria, la alfabetización, la educación pública, gratuita y de calidad a todos los niveles, la salud como un derecho social inalienable, el combate al racismo, al machismo, y en todo ello la impronta de Fidel es evidente, quien contribuyó a que el pueblo y la Revolución se eslabonaran a la construcción socialista internacional, fortaleciendo el caudal anticapitalista y antiimperialista.

Es un mérito incuestionable del camarada Fidel Castro el señalar que más importante que los hombres son las ideas, y que estás solos pueden triunfar y realizarse a través del “alma de la Revolución” es decir el Partido Comunista, que fue resultado de un largo pero fructífero proceso unitario del Movimiento 26 de Julio, Partido Socialista Popular, Directorio Revolucionario, primero en las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), luego en el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS), que habrían de culminar en la fundación del Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente del proceso revolucionario, y parte del movimiento comunista internacional. ¿Fue lineal ese proceso? No, no lo fue, tuvo muchas complicaciones, y se tuvieron que librar grandes batallas contra el sectarismo.

Una de las características más destacadas de Fidel y la Revolución fue el internacionalismo y la solidaridad internacional con los pueblos y organizaciones revolucionarias, con los partidos comunistas y con los perseguidos políticos. Nombremos tan solo el apoyo a la guerrilla que en Bolivia dirigía el Comandante Ernesto Che Guevara, el apoyo a los pueblos del Congo, Argelia, Mozambique, Etiopia, Angola, Sudáfrica, Vietnam, Chile, Nicaragua, El Salvador, Guatemala. Si en general el campo socialista, y en primer lugar la URSS, tienen que ver con el proceso de descolonización y fin del apartheid, el mérito de Fidel y la Revolución Cubana es de gran relevancia. Todos sabemos que en las ejemplares luchas del FPMR de Chile, FSLN de Nicaragua, FMLN de El Salvador, entre otras, está presente el aporte de la Revolución Cubana y del Comandante Fidel Castro.

Pero la estatura de la Revolución Cubana y del camarada Fidel Castro, adquirieron una dimensión superior en los años de la contrarrevolución que llevó al derrocamiento temporal de la construcción socialista en la URSS. La resistencia a la ola contrarrevolucionaria llevó al Periodo Especial y al doble bloqueo que provocó daños terribles a la economía y al nivel de vida del pueblo, el costo fue muy elevado, pero tal sacrificio consciente abrió la perspectiva futura para la revolución y el socialismo internacional; frente a la desbandada del transfuguismo, del abandono de principios, de la mutación ideológica, de la socialdemocratización de varios partidos comunistas, frente a la degradación de Gorbachov y los excomunistas, brilló como un faro el ejemplo y las convicciones de Cuba Socialista y del camarada Fidel, con un llamado al combate, levantando las banderas del marxismo-leninismo y del internacionalismo proletario, a la lucha antiimperialista y anticapitalista. Nuestro Partido es de alguna manera fruto de ese ejemplo.

En general, y habrá que efectuarse un balance histórico, el Comandante Fidel Castro Ruz fue ya absuelto por la historia, y es sin duda un revolucionario y un comunista ejemplar que seguirá librando junto a su pueblo y los trabajadores del Mundo las batallas necesarias para enterrar al capitalismo y al imperialismo.

Y como comunista y revolucionario le presentamos nuestros respetos, sin incondicionalidad –puesto que solo somos incondicionales del marxismo-leninismo- pues nuestro reconocimiento no exenta observaciones críticas, y así como hay encuentros, hay desencuentros frente a determinadas cuestiones. Entre los revolucionarios la polémica es un componente irrenunciable y la crítica y la autocrítica han sido siempre una característica imprescindible del movimiento comunista.

La zalamería y el acriticismo son manifestaciones de la politiquería burguesa, más entre comunistas y revolucionarios el lenguaje franco, pero fraterno y camaraderil es vital. Entre partidos hermanos, entre camaradas es bueno exponer la verdad y no omitirla por diplomacia. Nosotros somos amigos de la Revolución Cubana, y en nuestros 22 años de lucha hay una manifestación cotidiana de tal vocación potenciada en las coyunturas, como aquella vergonzante del entonces presidente Fox contra el pueblo y la Revolución Cubana, o en la lucha diaria contra el bloqueo, por la libertad de Elian y de los Cinco, o en los momentos de agresión del imperialismo contra Cuba Socialista. Pero es de camaradas expresar con franqueza las divergencias, que insistimos no afectan el balance general positivo.

No compartimos por ejemplo la evaluación que presentó el camarada Fidel en las entrevistas a Tomas Borge e Ignacio Ramonet sobre el papel de la Internacional Comunista y sobre la personalidad del camarada Iosif Stalin, sobre el Pacto Molotov-Ribentrop.

Evaluamos con gran preocupación la hibridación de mercado y socialismo que propicia acumulación y relaciones capitalistas, y que siembra las posibilidades de la contrarrevolución, tal como demuestra la experiencia de la construcción socialista en el siglo XX.

No compartimos la evaluación sobre la multipolaridad, es decir sobre asignar un rol progresivo a las economías capitalistas de China y Rusia o a las alianzas interimperialistas que tejen en disputa contra el centro imperialista norteamericano. No habrá centro imperialista que sea mal menor.

No compartimos una política de alianzas interclasistas, ni de adhesión incondicional a las fuerzas socialdemócratas que eufemísticamente son llamadas en nuestro Continente como progresistas, hoy en crisis, no solo por una ofensiva desestabilizadora de los EEUU, sino también por sus propios errores y sus acciones que finalmente se han inscrito en el capitalismo, pero con una gestión neokeyensiana.

Es decir hay enfoques distintos y divergentes sobre algunas cuestiones, y sin embargo valoramos en alto el papel histórico del Comandante Fidel Castro, de quien hoy conmemoramos su 90 aniversario y cuyo ejemplo atesoramos como paradigma de comunista y revolucionario.

¡Viva el Comandante Fidel Castro Ruz!

¡Viva el marxismo-leninismo!

¡Viva el internacionalismo proletario!

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