23 | 09 | 2017

Es el Estado

Felipe Cuevas Méndez

A todas luces el Estado ha tomado la violencia como estrategia, la ley anti-marchas, los tribunales arbitrarios y las acciones de los cuerpos del orden van en consonancia con el teatral discurso de Peña Nieto: todo es un plan represivo. Pero todo carece de cualquier consulta popular, su manufactura corresponde a las élites del poder político y económico, a quienes Peña hace nuevas concesiones para que lo mantengan en el poder a cualquier costo.

En este nuevo pacto se estipula una vuelta a la carga con más reformas de contenido fascista en torno a la seguridad del Estado, mas no de la sociedad, desentendidos de que en México reforma es apelativo de despojo. En este punto, despojo de derechos sociales, políticos y humanos, pese al revestimiento discursivo que sirve de farsa contextual y artero engaño.

Partiendo del decálogo de Peña Nieto la clase dominante entra en una fase de violencia sistemática para descarrilar el proceso de lucha democrática y revolucionaria. Es un plan desmovilizador y paralizante de la vida social en sus inmediatas aplicaciones por silenciar al pueblo, concebido en los olimpos y televisado para las mayorías. Las perspectivas del Estado son simples rectificaciones que vuelven al mismo procedimiento de coerción sin fijar posiciones claras sobre sus grandes males. La imposición de la fuerza policiaco-militar es lo que pretende dicho cierre de filas capitalista, lo que es una de las características históricas del Estado ante sus recurrentes fracasos plenamente ajustado al interés de los monopolios y capital financiero.

El moderno Estado mexicano es una organización jerarquizada de las relaciones generales de dominación en el territorio, basada en instituciones, constitución, normas, aparatos, dinámicas, burocracias y modos de ejercer preponderancia la clase capitalista y sus segmentos afines, forjando un orden y encuadre de una sociedad sometida a determinadas condiciones. Dichas relaciones así instaladas en el cuerpo del aparato estatal proyectan la autoridad regulatoria y el control social indispensables a sus relaciones de poder económicas y políticas, sobre el eje de administrar la lucha de clases a favor de aquella constituida en dominante. En apariencia el conjunto de la sociedad crea el Estado actual, en los hechos es bajo las relaciones económicas del capital y la hegemonía burguesa en todos los rubros sociales, que se forman los patrones de la estructura y estatus social, tal situación es catalogada como el fetichismo del Estado como separación del poder político respecto del económico.

El moderno Estado mexicano inscrito en la geometría del poder capitalista, más allá de la simplificación que alude la separación de la política de lo económico; asienta la ejecución de la dominación política por los criterios, principios y racionalidades de las relaciones económicas. Guiándose a sí mismo por los juicios de la clase burguesa y las condiciones históricas de cada etapa del capitalismo, se fundamenta en elementos tales como:

1.- El mantenimiento sociopolítico y cultural de la relación de explotación entre el trabajo asalariado y el capital para afirmar la ley del valor y el proceso de acumulación de riqueza.

2.- La salvaguarda del mercado capitalista llevado al grado de subordinación de las relaciones internacionales que en su aspecto imperialista neocolonial nos oprimen y quebrantan.

3.- La organización poblacional y del espacio territorial en base a los fundamentos del capitalismo socavando toda serie de formas alternativas y en contradicción con este, destruyendo a nuestros pueblos.

4.- El fomento de las relaciones de dominación burguesas en el tejido social con sus lógicas y racionalidades para “generalizar” sus perspectivas.

5.- La proyección al infinito del sistema de desarrollo del capitalismo, en tanto su papel planificador, como patrón de la conducta de las clases sociales por encima de sus contradicciones.

6.- La permanencia de un estatus social apoyado en fuerzas económicas y coercitivas para dar una supuesta estabilidad a las clases poderosas, consumando pactos sociales de subordinación de las clases populares en la correlación favorable a la explotación y opresión.

Pero las consecuencias de todo ello deterioraron al Estado llevándole a su crisis estructural y sistémica. Su propio concepto de Estado de derecho se enfrenta a un hecho: no existe en tanto tal, siendo un narco-Estado carece de esa fórmula, siendo en esencia un Estado corporativizado a disposición de las más grandes influencias financieras la norma es la ruptura de sus normas para acatar las disposiciones de la plutocracia, pero principalmente en cuanto categoría socio-burguesa está delimitado a lo que pudiese cumplir dentro de normas jurídicas de las que viene desentendiéndose en su proceder.

No existe democracia “general”, no existe referéndum popular, no hay congruencia en sus políticas administrativas excepto las del latrocinio, no existe elección democrática, no existe imparcialidad de los poderes, prevalecen las irregularidades en sus funciones, sus garantes están subordinados a la oligarquía predominante, todo es corrupción de sus instancias públicas, impera el contubernio con los grupos de poder económico; todos ejes en torno a los que en teoría se constituye el Estado de derecho. No hay Estado de derecho sino un Estado deslegitimado por todos sus costados, es un Estado rechazado por las mayorías. Los políticos y clase dirigente lo llevaron a la descomposición e identificación con sus características de fondo como medio del Poder y la dominación sobre nuestros pueblos.

En su cima el Estado se asienta y presenta como ente social estructurado, orgánico y unitario, con expresión política, económica, militar y jurídica bajo la forma de una junta que detenta el ejercicio del poder político. El Estado se articula en complejas relaciones sociales que homologan población, territorio, mercado nacional, estructura jurídica y soberanía en base a la dominación social moderna. En las condiciones de la crisis política y del Estado, estos fines se quieren establecer en el marco de instaurar un protectorado yanqui que ya opera de facto, desinstalando totalmente al viejo Estado nacional con los pactos sociales precedentes a que renunció la oligarquía financiera.

La burguesía manda decir con Peña Nieto que los aparatos del Estado combatirán la infiltración del crimen organizado en las autoridades municipales, pero ¿qué del resto de autoridades?, ¿cómo estas otras autoridades infiltradas combatirán la infiltración de las primeras?, ¿por qué razón un presidente de la república siendo corrupto evidenciado y además delincuente electoral perseguiría a otros delincuentes políticos?, ¿cómo los narco diputados, narco generales, narco federales, narco gobernadores, narco jueces, corregirán a los malos locales? Lo que se desprende es que se dedicarán a ajustes de cuentas, elevación de la tasa de compra-venta de influencias, exhibición de pequeñas criaturas y ensañamiento con los de abajo, provocando la violencia “institucional” depravada, algo más parecido a un narco Estado de elites. Los señores del poder muestran una comprensión retorcida de los hechos para catapultar las exigencias del gran capital.

Mientras nuestra juventud es desaparecida o encarcelada nos ofrecen una reforma constitucional en manos de los represores de siempre, que ni tardos ni perezosos discuten la ley antimarcha. Una reforma aprobada por los mercaderes de la política, decretada en un bunker con otros personeros responsables de la situación, extirpando el Zócalo de pueblo.

Son nulas las capacidades de aprendizaje del Estado más allá de sus prácticas. Si alguien tenía esperanzas de que alguna reforma desde arriba pudiera mejorar la suerte de los de abajo, es momento de deslindarse del espejismo. Es el Estado quien reprime, encarcela, asesina, ultraja, despoja e incrementa el poder de los monopolios; no puede romper sus esquemas y cuadraturas de opresión porque son su sustento, es el Estado quien se hunde en la depravación de su propio juego burgués. Peña Nieto quiere resucitar el poderío priista sobre las masas populares, más no es posible, en su lugar crearon un tejido de alianzas compradas que ni afianzan una legitimación popular ni mucho menos están en condiciones de ocultar su modalidad oligárquica. El Estado sólo aprende en una línea: la de sus propósitos como ente socio-político de la dominación capitalista.

El régimen fantasea, quiere tomar la ofensiva, se envalentona y en medio de sus persecuciones de pronto se siente iluminado por las policías únicas, viejo invento de los nazis, ya probadas en México, derivadas en corrupción y focos de criminalidad, que responde a un patrón de terrorismo de Estado al igual que la clave única de identidad apunta principalmente al control social. Así está el doble discurso, paz en los medios y guerra en las calles, invitaciones al festín de los monopolios y listas negras contra luchadores y luchadoras. Operativos distractores que llevan más violencia a los estados de Guerrero y Michoacán para amedrentar a los movimientos populares, pantallas y más pantallas.

Pero el pueblo no se amedrenta, el régimen pierde su tiempo, es el Estado quien con sus acciones arteras está encarrilando la lucha estudiantil a lucha de las clases populares, es el Estado quien empuja con sus dictámenes oligárquicos la lucha pacífica y el proceso a mecanismos firmes que detendrán sus ofensivas e implantarán una nueva etapa de la lucha revolucionaria. Sus provocaciones llevarán al movimiento a tomar conciencia de una mayor organicidad, ejecutar planes contra-represivos, afrontar la violencia del sistema con movilización, establecer las pautas de dirección asamblearia, crear órganos rumbo al poder popular y replantearse una nueva legitimidad social liberadora frente a la dominación capitalista. De igual forma con su redoblada agresión económica el Estado y los monopolios agitan una nueva ola de huelgas obreras que por su parte potenciarán y darán consistencia de clase al movimiento anticapitalista.

Que la injusticia, las desapariciones, las torturas se acabarán, sea dicho por el Estado de la injusticia y la represión; es una suerte de broma macabra, ¿cuántas veces será necesario pronunciar el nombre de Ayotzinapa para que se enteren de su sinrazón? El Estado capitalista practica una justicia burguesa que es injusta para las mayorías, que junto a la desigualdad social, proviene de las bases del sistema de propiedad privada al cual representa.

Lo sorprendente es que el personaje al que asoman los casos de corrupción y enriquecimiento a través del Estado resulte ser aparente combatiente de este cáncer. Toda esa glorificación de un Estado en bancarrota no interesa más, ni las promesas de redención apoyándose en las estructuras responsables de la situación. Tal escenario despeja el camino del pueblo trabajador contra el Estado capitalista, Peña Nieto debe salir ya, los componentes del Estado deben desmantelarse para que el pueblo construya su poder popular y proletario. Lo principal está en construir las alianzas de clases populares en la movilización, un pueblo organizado y consciente de su papel en los cambios revolucionarios, superar la mentalidad de grupos anteriormente predominante, apostarlo todo a las bases y al trabajo organizativo serio al margen de relaciones de poder y racionalidades ventajistas, de ahí hilvanar sus formas de organización que profundicen la lucha de clases y rescaten al país de la infamia burguesa.

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