18 | 11 | 2017

La Gran Revolución Socialista de Octubre, nuestro Norte.

Pável Blanco Cabrera, Primer Secretario del CC del PCM

Con el triunfo de la Revolución Proletaria el 7 de Noviembre de 1917 se produce un viraje en la Historia de la humanidad que confirma lo esbozado ya en la Comuna de París de 1871 y en la teoría y la práctica elaborada por Marx, Engels y Lenin.

El Partido Bolchevique, el partido comunista, organizó con precisión la insurrección de obreros, campesinos pobres, soldados revolucionarios, pueblos oprimidos, resultado de una sólida alianza forjada por los comunistas. La Revolución tuvo como premisa la organización del proletariado en clase, asumiendo su ideología y levantando sus banderas programáticas, sus banderas, no las ajenas, por más que éstas parecieran un mal menor, por más que las de mencheviques y demócratas-burgueses parecieran progresistas.

En el origen de la Revolución proletaria está la formación misma del Partido Comunista, como POSDR, su II Congreso, y la existencia del bolchevismo como corriente política, como partido político de la clase de los proletarios, como partido comunista, como partido revolucionario. Es el Partido el agente que conscientemente organiza el proceso revolucionario y que confronta el culto al espontaneísmo, las ilusiones, los falsos caminos. Es el organizador de la clase obrera, su Estado mayor, que en los cambios bruscos del conflicto socioclasista puede orientar con una táctica flexible, aferrado con firmeza a la estrategia, para llevar al poder a la clase obrera, el poder de los soviets.

No se puede hablar de la Revolución socialista sin el partido de la clase obrera, que surge y se desarrolla en aguda lucha con corrientes ideológicas que impiden, frenan, postergan, la constitución del proletariado en clase, por más apariencias que tengan de revolucionarismo. Es por ello que los bolcheviques desenvuelven una confrontación sin concesiones con el populismo, el anarquismo, el oportunismo, el dogmatismo. Lenin nos enseña que la opción clasista no concede el mínimo espacio al ecumenismo en lo ideológico, y sin duda que por ello el pensamiento crítico y demás teorías nutridas por el posmodernismo, la alteridad, y en general los marxólogos de la academia, siguen condenando al marxismo-leninismo y el aporte enriquecedor de Lenin a la teoría revolucionaria. El debate del bolchevismo versus todas esas corrientes fue férreo, y el frente ideológico una tarea de primer orden para que los trabajadores adquirieran consciencia de clase, se organizaran políticamente y actuaran como el destacamento dirigente de la Revolución. Es una lección para el accionar contemporáneo de los comunistas, no desdibujar las posiciones clasistas, no diluir las características de identidad, ni rebajar los objetivos programáticos. Que laméntable papel de aquellos que hoy, pensándose comunistas son dirigidos por neoanarquistas; que por su incapacidad organizativa entre la clase obrera rinden banderas ante los “sujetos emergentes”; que lamentable de aquellos que llamándose comunistas hacen fiel culto al espontaneísmo, qué se dejan sorprender por los acontecimientos y se suman a las corrientes de moda, aunque ellas retrasen la lucha de la clase obrera, que se pliegan sin rubor a los movimientos pequeñoburgueses como el de las plazas, los occupys, que concluyen en relanzamientos políticos de gestiones socialdemócratas para reforzar al capitalismo.

Si el partido bolchevique no hubiera emprendido esa confrontación ideológica, y enriquecido el marxismo, difícilmente habría conquistado la vanguardia.

La riqueza de la Revolución de Octubre está en su carácter general y universal, que busca ser ocultado, tergiversado, empequeñecido por los oportunistas, al presentarla como un proceso peculiar, particular, nacional, excepcional. Lenin y los comunistas, aprendiendo de Marx, y Engels estudian el capital con la dialéctica materialista, comprendiendo el desarrollo que lo lleva de la libre concurrencia al monopolio y posteriormente a su fase imperialista, y cómo romper esa cadena en su eslabón más débil. En el capitalismo en su fase última las contradicciones  entre el capital y el trabajo, e interimperialistas se acentúan, y el Partido debe estudiarlas permanentemente, atento a los virajes bruscos y a intervenir con las consignas adecuadas, concentrando fuerzas, avanzando, replegándose ordenadamente si es necesario.

De la historia de la Revolución de Octubre todas las enseñanzas son válidas, y para el PCM es un proceso vivo que guía nuestro accionar, no como referencia pasada, sino como la fuente que orienta las tareas contemporáneas del proletariado, precisamente por su carácter histórico-universal.

¿Habrá otra salida al capitalismo, en crisis profunda de sobreacumulación y sobreproducción? Indicamos con certeza, el nuestro es el camino abierto por la Gran Revolución Socialista de Octubre.

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