27 | 03 | 2019

         Caracterización del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador        

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Recientemente el Comité Central del Partido Comunista de México en su sesión plenaria discutió y aprobó esta evaluación de la gestión de la nueva socialdemocracia.

 

 

  1. Después del triunfo electoral de Julio, López Obrador ha tenido una actividad incesante. Cada día fue proporcionando elementos, que no dejan lugar a dudas sobre el carácter de clase que su sexenio tendrá. Un argumento demagógico que se expresó en estos meses transcurridos, fue el de que habría que esperar a que asumiera la titularidad del poder Ejecutivo el 1 de Diciembre, y que antes no podía adjudicársele responsabilidad; una formalidad ajena a la realidad, ya que Peña Nieto entregó la batuta desde las elecciones. Morena domina la mayoría de ambas cámaras desde Septiembre y ha determinado la agenda política y legislativa. El primer Mensaje a la Nación de Obrador, a través del Congreso de la Unión, confirma nuestras apreciaciones.
  2. El asunto más importante, determinante para todo el sexenio y aún a posteriori, fue la renegociación del TLCAN en TLCAN 2.0 -renombrado ahora como USMCA o TMEC-, acuerdo interestatal imperialista que entró en vigor en 1994, beneficiando a los monopolios de Canadá, EEUU y México, y perjudicando a la clase obrera de América del Norte. Esto se da en el marco de las contradicciones interimperialistas internacionales que tienen concreción en la guerra comercial, arancelaria y diplomática entre EEUU y China, uno de cuyos escenarios es la industria automotriz, tomando en cuenta el giro proteccionista hoy dominante en los EEUU que decidió poner freno al dumping, por el cual los capitales chinos dominando las autopartes y componentes de la industria automotriz mexicana desplazaban a las armadoras norteamericanas, como GMC, FORD, entre otras, que presionaron a Trump para forzar una renegociación. En esa dirección, el Presidente Trump exigió -aunque formalmente correspondía a Peña Nieto-, la presencia en la mesa de negociaciones de la representación de López Obrador, que permitió destrabar las rondas negociadoras y la ratificación del nuevo TLC. Aunque en todos sus términos el texto sigue desconocido, es claro que se mantendrá la misma lógica de beneficiarios y perjudicados. Pues bien, Obrador no se deslindó del TLCAN, sino que con entusiasmo reconoció la estrecha colaboración con Trump para su continuidad, y acto seguido balbuceó alguna frase sobre Bolívar y Martí. Los comunistas ratificamos nuestra oposición a tales acuerdos interestatales antiobreros y antipopulares. Los comunistas señalamos que este acuerdo interestatal, con sello de guerra comercial, se firma en un momento en el cual los bloques imperialistas marchan rumbo a una conflagración, y constituye la base económica sobre de la cual el Estado burgués mexicano se coloca como partidario de la OTAN. A la burguesía mexicana, que ha alcanzado un alto grado de concentración y centralización, no le basta la demagogia y la militarización para continuar su ciclo, para resolver la cuestión de los mercados que requiere. A la larga requiere su tajada de nuevos mercados y su propia esfera de influencia, en relación con su capacidad de exportación de capitales; requiere de aventuras militares, y por ello comienza a trazar su tendencia al militarismo, al reforzamiento de las adquisiciones bélicas, por ello elige el bando imperialista que estima más conveniente a sus necesidades. El TMEC, un acuerdo entre burguesías imperialistas por arriba, es el que impone medidas a la agenda legislativa, es el que constriñe y anula cualquier posibilidad realista de que los partidos del capital cancelen la reforma energética y sus contratos, de que confronten los intereses de la minería canadiense, etc.; es el que determina por sus políticas antidumping la necesidad de ajustar el salario en las ramas exportadoras, sobre todo en la franja fronteriza, etc. Tenemos el deber de avanzar en una alianza antimonopolista con los partidos comunistas y fuerzas revolucionarias, con sindicatos y organizaciones laborales y sociales, con la clase obrera y los pueblos de América del Norte.
  3. La política migratoria se ciñe por entero a los designios de los EEUU: el muro de 265 kilómetros que empieza a construirse en la frontera Norte se complementa con un muro de 1,973 millones km² que comprende la utilización de todo el territorio mexicano como un filtro previo. Los flujos migratorios responden a los movimientos del propio capital, que engendra capas numerosas de proletarios movilizados de un punto a otro para vender su fuerza de trabajo como condición de su existencia, y que para no renunciar a su existencia física, para no morir de hambre, se ven precisados a brincar fronteras, traspasar selvas, desiertos y soportar ataques racistas y violencias de todo tipo. Estos flujos responden igualmente al inevitable conflicto por los mercados y los territorios del imperialismo, que expulsa centenares de miles de desplazados debido a sus guerras, intervenciones, golpes de estado, asonadas, invasiones, ataques, etc. Este fenómeno le sirve de coartada y de moneda de cambio a todo el espectro de fuerzas políticas de la burguesía. Cuando así le conviene, abre las puertas para dotar al capital de nueva mano de obra precaria, tal como hace el ofrecimiento de Obrador; y cuando ya está suficientemente abastecido, cierra las puertas, condena y militariza, promueve el racismo, para reducirle presiones socioclasistas a un sistema ya preñado de explosividad.
  4. Las Zonas Económicas Especiales, los megaproyectos como el corredor del Istmo de Tehuantepec para conectar el Pacífico con el Atlántico (o en palabras más claras, Asía con la Costa Este de los EEUU), como los aeropuertos -independientemente de cuál monopolio obtiene el contrato o si de se beneficia a las dos partes en disputa-, significan una agresión a los intereses de la clase obrera, de los sectores populares, y de los pueblos indios. La gestión de Obrador avanzará sobre la explotación más salvaje, con trabajos precarios y desvalorizados, con el despojo de tierras y territorios y con mayor opresión contra los que luchan, resisten y confrontan al capitalismo.
  5. Aunque se presenta como un gobierno de izquierda, aunque se pretende asumir como representante del pueblo, cumpliendo el propósito de desmovilizar las luchas y protestas –lo que han hecho ya las gestiones socialdemócratas denominadas progresistas en América Latina, y destacadamente la de Brasil- y garantizar la contención social, principal rol que los monopolios le han asignado, el Gobierno de la nueva socialdemocracia es un gobierno de la demagogia y el doble discurso. Una prueba de ello es la anulación de la Ley de Seguridad Interior y el Cuerpo de Granaderos de la Ciudad de México pero con la simultánea puesta en marcha de la Guardia Nacional. Este nuevo cuerpo represivo es la fusión de la Policía Militar, la Policía Naval, la Policía Federal y la Policía Política (CISEN); se integrará inicialmente con 50 000 efectivos del Ejército y llegará a los 150 000, funcionará de acuerdo a la lógica dictada ya por el Comando Sur de los EEUU y establecida en la Iniciativa Mérida, de fuerza de tarea operativa por cuadrantes -llamadas aquí coordinaciones-, y que serán 266; tal modelo operativo ya fue usado en la lucha contrainsurgente en Colombia. La Guardia Nacional puede detener sin orden judicial, puede realizar allanamientos, con lo que se anulan de facto las garantías individuales y el derecho de amparo, y se da al Ejército facultades extralegales para su intervención. Si partimos de que la guerra contra el narco es una simulación, es obvio que la militarización tiene en la mira a la lucha obrera y popular, y que nos encaminamos a un estado de excepción, militarizado, bajo la conducción de un hombre fuerte, el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas y Presidente de la República, que es al mismo tiempo el Gran Legislador. Obrador también acude a blanquear al Ejército, del que dice es revolucionario, de origen popular, y que no ha participado en motines o asonadas, negando los crímenes de lesa humanidad, el terrorismo de Estado perpetrado en 1965, 1968, 1971, la Guerra Sucia, la Guerra del Narco, Ayotzinapa, Tlatlaya. La línea de defensa final de quienes justifican este nuevo paso en la militarización es la imperdonable ingenuidad de cifrar toda futura actuación del ejército en las pretendidas cualidades personales del actual mandatario. Este punto de vista suplanta el análisis de clases con el análisis psicológico, y sobre todo cierra los ojos al proceso histórico. Hay una continuidad en las medidas de fortalecimiento de la militarización entre los gobiernos de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Obrador, en tanto hay continuidad del Estado burgués y de las necesidades del capitalismo. El capitalismo de los monopolios en México, la quinceava economía capitalista del mundo, no tiende a la democracia sino a la dominación, y esta tendencia histórica objetiva condena a cada gobierno burgués que pretenda administrar con medidas capitalistas los problemas creados por el propio capitalismo, a ser más negativo, más objetivamente reaccionario, que sus antecesores. Desprovisto de su fraseología demagógica, el actual gobierno representa un vuelco aún más autoritario de la dominación burguesa. Se recrudece la militarización, se cancelan algunas formalidades republicanas y federalistas de la democracia burguesa, miembros destacados de la burguesía aparecen descaradamente ejerciendo funciones de gobierno, se instauran superdelegados que reducen el alcance de los niveles estatales y municipales, etc. Más democracia, más participación en las iniciativas de gobierno para los representantes de los monopolios, significa en la ecuación más dictadura para el resto de la sociedad. Las formas refinadas de dominación, de lograr consenso para legitimar los designios del gran capital, implican golpes contra capas de trabajadores y de los sectores populares acompañados de aplausos de otros hermanos de clase, de gente que hasta el día de ayer habría reaccionado con solidaridad de clase.
  6. Obrador gobernará de la mano de los monopolios, con muchos empresarios y representantes de ellos en la administración pública, así como un Consejo Asesor. Ya declaró que es partidario del libre mercado. En su gobierno participan empresarios como Alfonso Romo -que hizo negocios con Pinochet y Carlos Salinas de Gortari, y que ahora será el segundo hombre del Gobierno Federal- del grupo Garza-Sada de Monterrey, Jímenez Espríu, de Idesa vinculada a Odebrecht, Olga Sánchez Córdero, vinculada a BANORTE y Hank Gónzalez, Ricardo Salinas Pliego del Grupo Azteca, Miguel Torruco, asociado a Carlos Slim; también tiene alianzas con TELEVISA, empresas de la construcción, de la minería y así podríamos seguir, pero la conclusión es evidente: los grupos monopolistas industriales y financieros han cerrado filas con López Obrador, para promover una segunda etapa del “desarrollo estabilizador” tan elogiado el 1 de Diciembre, y que no es otra cosa que la gestión keynesiana y populista del capitalismo con orientación socialdemócrata y asistencialista. Será un gobierno del poder de los monopolios para la estabilidad del capitalismo, en contradicción continua con la base popular que lo eligió.
  7. Más aún, tal composición del gabinete y del gobierno se corresponde por entero con el poder del cual dimana. No corresponde a un poder que radique o se respalde en los 30 millones de votantes, ni a un triunfo de la izquierda histórica del país, ni a una nueva correlación favorable a la clase obrera, ni mucho menos. Corresponde a un gobierno de representantes de monopolios, a un poder de los monopolios preocupado por adecuar el envoltorio de su dominación; no es un gobierno de la mayoría de la población, sino un gobierno de la mayoría de la burguesía, un gobierno que busca garantizar la continuidad del capitalismo logrando la máxima desmovilización del campo popular a cambio de la menor cantidad posible de concesiones, con cambios cosméticos, populistas, que no toquen ni con el pétalo de una rosa la propiedad privada de los plutócratas del país. Hay bastantes declaraciones de Obrador a favor de los monopolios de la televisión, de los banqueros, del capital en la industria petrolera, de las mineras, de la cúpula empresarial, etc., como para que se acuse a los comunistas de poner palabras en su boca. Pero más que declaraciones, hay medidas concretas que avalan esta lectura. Cuando los legisladores de Morena llegan a creerse en verdad representantes de intereses populares y proponen alguna legislación que sea lesiva para el capital, como lo fue la iniciativa de principios de Noviembre para reducir hasta en un 50% las altísimas comisiones de la banca -cuyas ganancias por este concepto se estiman en 78 mil millones de pesos-, salen las cúpulas empresariales, los organismos patronales, los representantes del capital a recordarles quién manda. En 24 horas ejercieron presión económica sobre el valor del peso, merced de su posición preponderante, tronaron los dedos y el ejecutivo diligentemente le enmendó la plana al legislativo: la iniciativa fue desechada por el gran legislador. El poder político es de la clase con poder económico, de la clase que mantenga el control sobre de los medios de producción fundamentales, y quien lo niegue o reniegue debe dar la espalda a la tozuda realidad. Los recortes, cancelaciones, despidos, etc., dan paso a asignar recursos al programa de becarios. Este programa objetivamente pone al Estado de capataz, utiliza los recursos fiscales castigados de los asalariados para entregarle a los monopolios mano de obra gratuita o muy barata. ¿Quién puede negar que son los monopolios los ganadores, cuando se les entrega un 10% del total de la mano de obra con salarios inferiores al mínimo, prestaciones y derechos por debajo de lo legalmente establecido? ¿Quién lo puede negar cuando la lista de monopolios beneficiados son: Aeroméxico, ADO, América Móvil, Bachoco, Banco Mifel, JP Morgan, Banco Azteca, Inbursa, Banorte-IXE, Bayer, Cemex,  Chedraui, Cinépolis, Coca-Cola México, Palmolive, Del Fuerte, Costco, Danone, Femsa, Gruma, Grupo BAL, Bimbo, Lala, Grupo México, Modelo, Herdez, HSBC, Kimberly-Clark, Nestlé, Oxxo, Pepsi, Pfizer, Soriana, Telcel, Walmart, entre otras. Bonita forma de combatir la “Mafia del Poder”, la de usar 100 mil millones de pesos anuales para regalarle mano de obra. El show mediático sobre la consulta del aeropuerto, donde apenas el aparato de Morena se movilizó electoralmente dando 1 millón de votos a favor de la iniciativa del propio Morena, finalmente se saldó prometiendo una cancelación sin pérdidas para el capital, recompra de los bonos, transferencia del tesoro público para que los capitalistas no pierdan un sólo centavo de lo que esperaban ganar. Las reformas en materia laboral y materia salarial han contado con la revisión y el beneplácito de la propia burguesía, un incremento de $14 en el salario mínimo queda lejos de corresponder a las necesidades contemporáneas de la clase obrera, no toca esencialmente los intereses de las empresas más poderosas que no tendrán necesidad de aumentos, y se trata de un salario que seguirá reportándole la tasa de ganancia más alta del mundo industrializado a nuestra burguesía. No corresponde a la clase obrera la genuflexión y los aplausos, corresponde la lucha en cada rama y en cada centro de trabajo, luchar por acercarse a la satisfacción de las necesidades contemporáneas de sus familias en salud, educación, vivienda, cultura, etc.
  8. El discurso centrado en la corrupción que sirve de andamiaje para justificar el sentido esencialmente liberal de la política económica de Morena –acuerdos imperialistas como ley suprema, recorte al gasto social, recorte a los trabajadores públicos, transferencias al capital, ataque a las jubilaciones y pensiones, asistencialismo y militarización para inhibir las respuestas, etc.-, hasta ahora no ha venido acompañado de absolutamente ninguna aprehensión de los responsables de gobernar mediante ella para la burguesía, ningún expresidente bajo proceso, ningún represor o torturador bajo proceso, ningún charro sindical castigado: todo lo contrario, para ellos borrón y cuenta nueva. Sólo la fe ciega o la conveniencia impedirían correlacionar la impunidad de los altos dirigentes del PRI con el hecho de que organismos y bastiones enteros de ese Partido hayan favorecido electoralmente a Morena, que los gobernadores de Chiapas y Oaxaca sean los poderes locales más entusiastamente alineados con los proyectos de la presidencia. En cambio ese discurso anticorrupción, combinado con el de la austeridad, ha servido de coartada para golpear a los trabajadores al servicio del estado, trabajadores médicos, trabajadores administrativos, trabajadores científicos y culturales, trabajadores de limpieza, trabajadores universitarios, y en breve, al magisterio.
  9. A las medidas tibias las acompañará una defensa cada vez más tibia de parte de la población proletaria; el gobierno de López Obrador no viene defendido por esos 30 millones de votos con los que ganó, ni por las grandes masas, sino por los sectores de la pequeña burguesía. Son los ideólogos de la pequeña burguesía los que desarrollan su ideología y su política, en favor de los monopolios. Los cuadros ideológicos de Morena, sus personeros en posiciones de este ámbito, las plumas tanto en nómina como las voluntariosas -muchas de ellas con orígenes en el marxismo-, hoy abjuran del pensamiento revolucionario y se postran ante los mecanismos del mercado, ante la estabilidad de la bolsa, ante los intereses del capital financiero, ante el blanqueamiento del aparato represor, ante la sagrada propiedad privada de los monopolios, ante el Estado burgués elevado por encima de las clases como “democracia pura”, etc. A medidas liberales no puede corresponder sino una defensa compuesta de argumentos liberales. Estos ideólogos oficiales y oficiosos, entregados en cuerpo y alma a las maromas teóricas para justificar cuanta medida haga el hombre fuerte de la burguesía, han tenido en bochornosos casos que desdecirse en menos de 24 horas, pues la lucha de clases no es abolida y tempranamente esta gestión demagógica del capitalismo ha tenido que enfrentar a su eterno rival, a la clase oprimida, a las masas subalternas que reaccionan a los golpes en su contra. Los trabajadores universitarios se movilizaron y forzaron al gobierno a retroceder en el recorte presupuestal, mismo que cínicamente los ideólogos de Morena justificaban ya. Sectores de nuestra clase que constituyen un foco rojo insumiso, como el magisterio, han logrado arrancar promesas de concesiones merced a su gran capacidad combativa, aunque siguen en la mira del discurso que los criminaliza como “ultras”. Trabajadores que tímidamente protestan, como los trabajadores del SAT, obtienen declaraciones tímidas, “se revisará caso por caso”. Y trabajadores que guardan mayoritariamente silencio, como por ahora los médicos y enfermeras, enfrentan ya mayores cargas de trabajo por menores prestaciones. La fórmula para que la clase obrera lidie con este gobierno burgués es la misma que para lidiar con cualquier otro gobierno burgués: luchar por imponer sus límites, luchar por hacer primar nuestros intereses de clase, luchar por arrancar conquistas, luchar y aprender a concebirse como clase llamada al poder.
  10. Un gobierno de representantes de los monopolios, que abiertamente declara que la “lucha de clases no aplica en México”, difícilmente puede ser ubicado en punto alguno del espectro de izquierda, se le mire por donde se le mire. Todas las numerosas variantes del pensamiento de izquierda, en el sentido moderno de la acepción, reconocen el conflicto socio-clasista contenido dentro de la sociedad capitalista, toman partido en tal conflicto por la clase oprimida, y a partir de tal reconocimiento divergen en qué salida darle. Un pensamiento político que de entrada niega la lucha de clases, que insiste en la conciliación de tal conflicto, que insiste en la permanente subordinación de los intereses de la clase obrera, evidentemente no busca de manera alguna cuestionar la explotación del hombre por el hombre, no busca aglutinar, construir, o acumular en tal sentido, ni ahora ni nunca, es política que rezuma conservadurismo.
  11. Es importante tener en cuenta la base ideológica de la recomposición política para la dominación de clase de la burguesía. Hay un renacimiento de la ideología de la Revolución Mexicana, ideología burguesa imperante desde los años 1930 a 1982 -precisamente los sexenios del “desarrollo estabilizador”-, que se sustenta en la conciliación de clases de la “Unidad Nacional”, en atemperar, disminuir el antagonismo capital/trabajo en aras del interés nacional. Para esta ideología burguesa la lucha de clases no existe como motor de la historia, sino la conciliación de clases como base del progreso; por eso en la versión de la historia que sustentan no hay lugar para los intereses radicales que se han presentado a lo largo de la lucha de clases, al igual que el PNR-PRM-PRI: cabe Madero, Carranza y Obregón, pero no hay espacio para Flores Magón, Villa y Zapata; hay espacio para lo institucional, pero no para lo revolucionario. La Nación es el leit motiv supremo, y el pueblo la categoría abstracta que oculta la anatomía de la sociedad y el conflicto socioclasista en que da por igual el interés de los ricos y de los pobres, de los explotadores y de los explotados, pues se gobierna para todos; por ello objetivos como la honestidad y la justicia, al aparecer sin sello de clase se tornan inofensivos. La disputa se encierra entonces entre un capitalismo honesto y uno salvaje, entre keynesianismo y neoliberalismo, entre derecha y socialdemocracia, falsos dilemas que encadenan la lucha de los trabajadores, falsos dilemas que conducen a los trabajadores a un camino errado. Falsos dilemas y falsa oposición, cuando Morena era minoría legislativa se oponía a la reforma energética del PRI-PAN, ahora que Morena le da continuidad es el PAN quien hace de ridícula oposición; en ninguno de los casos hay una preocupación real por solucionar los problemas irresolubles del capital, en ninguno de los casos son banderas bajo las cuales deba alinearse la clase obrera. En cualquiera de sus gestiones, el capitalismo debe ser derrocado por la lucha revolucionaria de los trabajadores. Por ello los comunistas toman en cuenta la experiencia de nuestra clase en el Siglo XX, que cometió el error de aliarse a la burguesía, lo que aseguró el desarrollo capitalista, la concentración y centralización, y desarticuló al sindicalismo clasista, aisló y condujo a la liquidación del primer Partido Comunista, y cedió la consciencia de los trabajadores a la ideología burguesa. El reformismo, núcleo ideológico central de la ideología de la Revolución Mexicana y de los actuales cantos de sirena de quienes sostienen el etapismo para lograr un apoyo proletario al gobierno de Morena, significó décadas de cómoda dominación de la burguesía antes de ceder la estafeta al neoliberalismo. Si hoy se le desempolva es porque ésa es de nuevo la pretensión, la necesidad de extinguir las tendencias insumisas que le representan un peligro, de sangrar toda acumulación de fuerzas y experiencia en pro de la revolución socialista, de lograr otros 20, 30 o 40 años de capitalismo incuestionado. Tengamos en cuenta lo que Lenin enseñó siempre: o ideología burguesa o ideología socialista.
  12. Entre los elementos ideológicos notables a los que poner atención de la llamada Cuarta Transformación, es su proclamación del carácter pacífico que pretende ser elevado a rango universal y modelo a seguir para la nueva socialdemocracia internacional, necesitada de un respiro después del fin del ciclo progresista. No hay camino pacifico ni institucional para que los trabajadores conquisten una vida mejor; por el contrario, las leyes objetivas de la economía capitalista, la muy leve recuperación después de la crisis de sobreacumulación y sobreproducción del 2008, la explosiva situación internacional debido los antagonismos interimperialistas, colocan en el corto plazo un agravamiento de la situación de la clase obrera, la disminución de su nivel de vida a causa de la desvalorización de la fuerza de trabajo, de la reforma laboral de Peña Nieto y de la maximización de ganancias que Obrador ofrece a los monopolios. La difusión del pacifismo conlleva ideas peligrosas, desmovilizadoras e ilusiones sobre la realidad de la lucha.
  13. También apreciamos cómo se diseñan y van construyendo nuevos mecanismos de control social, organizaciones corporativas como antaño la CTM, CNC, CNOP y otras; hoy, además de la búsqueda del control de la clase obrera, el campesinado y los sectores populares, hay esfuerzos específicos sobre la juventud trabajadora que está desempleada, sobre los indígenas, sobre las mujeres y sobre la tercera edad, lo que coloca un reto a los comunistas para una disputa cerrada y a contracorriente por la organización con objetivos clasistas de la clase obrera, la juventud trabajadora y la mujer trabajadora.
  14. Se abre una perspectiva interesante, a pesar de los ataques y presiones contra el Partido Comunista de México. Tomemos en cuenta que la socialdemocracia, ante el fracaso de las expectativas que despierta, abre luego la puerta a gobiernos más reaccionarios, como el caso de Brasil; tomemos en cuenta que la tersura interclasista que propone Obrador no agota, ni elimina los antagonismos intermonopolistas, y que por más que cierren filas, sólo son el preludio de nuevos choques; por supuesto que el PCM mantendrá independencia en esa disputa entre las secciones de la burguesía, entre nuevos liberales y conservadores; para nosotros el asunto es desarrollar un polo de las fuerzas de la clase obrera, el frente anticapitalista y antimonopolista, que necesariamente pasa por un PCM fuerte, por el crecimiento y desarrollo del Partido Comunista. No tener ninguna ilusión, no vendarnos con ningún velo de ideología burguesa, no confiar en los actos de prestidigitación verbal, ver claramente al enemigo de clase, asumirnos como oposición frontal por el interés de clase, nos permitirá reaccionar en cada viraje, en cada recoveco de la lucha de clases para lograr ese fortalecimiento. Deslindarnos y confrontarnos con el gobierno demagógico, de sus dirigentes pequeñoburgueses, de sus ideólogos reformistas, ayudará a aclarar el panorama político para nuestra clase, inclusive para los elementos vacilantes que hoy apoyan a Morena porque no ven otra alternativa. La seriedad, certeza y honestidad de los señalamientos del PCM constituirán una importante reserva para su futuro desarrollo.
  15. También, llegada a su fin la pasarela de actores de la alternancia que sustenta la dictadura de la burguesía con fachada democrática, es muy claro que el poder obrero recobra vigencia como alternativa revolucionaria frente a los grandes problemas nacionales, la vida de la clase obrera, el desarrollo de la economía, que encontrarán solución en la socialización de los monopolios y los medios de producción concentrados, la planificación de la economía y un nuevo Estado bajo el poder de la clase obrera. La idea albergada entre algunos sectores de la clase obrera que participaron electoralmente a favor de Morena de que “nosotros lo pusimos, y nosotros lo quitamos” debe desarrollarse ulteriormente a la idea de que el próximo gobierno debe ser un gobierno de los trabajadores. Viviremos un periodo tormentoso, pero fructífero para nuestros objetivos revolucionarios de derrocamiento del capitalismo.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

 

El Pleno del Comité Central del Partido Comunista de México

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