Declaración del Comité Central del PCM

En ocasión del 150 aniversario de Vladimir Ilich Lenin

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Hace 150 años, el 22 de Abril de 1870, en Simbirsk, nació Vladimir Ilich Lenin, quien dedicó su vida y obra a la lucha de la clase obrera, a la causa revolucionaria del socialismo, con lealtad al marxismo, a los intereses de clase del proletariado y al internacionalismo proletario.

Lenin desde su temprana juventud se vinculó al marxismo y a la lucha por el socialismo, en las difíciles condiciones que implicaba la militancia política en la clandestinidad; en una época en que la teoría planteada por Marx y Engels era objeto de revisión, mutilación y deformación por algunos de sus albaceas; donde se desarrollaba también impetuosamente el capitalismo imponiendo transformaciones al propio modo de producción y moldeando al mundo a su imagen y semejanza, trastocándolo con un nuevo reparto, con conflictos imperialistas como la Primera Guerra Mundial y acelerando el parto de una nueva época: la transición del capitalismo al socialismo.

 

La vida política de Lenin es ejemplar para los comunistas de todos los tiempos, pues pone de relevancia el aspecto teórico y práctico de los revolucionarios marxistas-leninistas y del Partido de nuevo tipo, el Partido Comunista. Lenin es el paradigma del revolucionario profesional, del cuadro profesional, que no entrega su tiempo libre sino toda su vida al objetivo de la Revolución Socialista.

Lenin es el ejemplo de la consecuencia, de la defensa de los principios, aunque ello implique temporalmente ir a contracorriente, como fue en el caso de la confrontación con el oportunismo y su deriva chauvinista.

El Partido Comunista de México rinde homenaje a Vladimir Ilich Lenin por su vida dedicada a la Revolución Socialista; por su obra teórica, que enriqueció al marxismo y que es un arsenal de combate en la lucha de clases contemporánea; por su labor científica que nos dota de una metodología en el estudio de nuevos fenómenos del capitalismo, y de las características de situación revolucionaria; por su inagotable acción para la forja del Partido Bolchevique, ejemplo del partido de nuevo tipo, y de todos los partidos comunistas. Rendimos homenaje a Lenin por su contribución esencial en la toma del poder por parte del proletariado con la Gran Revolución Socialista de Octubre en 1917; en la creación de la Internacional Comunista y en la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; por los primeros pasos de la construcción socialista basada en el Poder Obrero; así como en lo que respecta a la socialización de los medios de producción y la planificación central de la economía.

El multifacético y profundo legado de Lenin nos inspira y nos guía. El enriquecimiento de la teoría de Marx y Engels, que con justeza se denomina marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo es el arma principal de la clase obrera para, organizada en Partido Comunista, derrocar el capitalismo y proceder a la construcción del mundo nuevo, del socialismo-comunismo que ponga fin por siempre a la explotación y la barbarie. El marxismo-leninismo es el faro de los trabajadores del mundo para alcanzar su emancipación, y la de toda la humanidad.

El leninismo, por lo tanto, ha quedado indisolublemente asociado al marxismo. Constituye la actualización científica de éste último; la cual se basa en un conjunto de desarrollos sociales ocurridos a escala internacional, y más allá de una territorialidad específica; es además un paso adelante con respecto a las conclusiones del marxismo, logrado en las nuevas características del dominio capitalista y de la lucha de clases del proletariado.

El leninismo aguza el carácter combativo y la impronta partidaria del marxismo pues surge en el periodo incipiente de una época que se distingue por llevar en sus entrañas y contradicciones el dardo fulminante de la revolución social, en espera de solución, y por aparecer ante el proletariado en un lapso de la historia en que tanto su nacimiento como su desarrollo corresponden a la necesidad de esta clase social por liberarse de todos los obstáculos que obstruyen su camino hacia el marxismo revolucionario y el socialismo-comunismo: y entre los cuales se encuentran viejos, nuevos o eclécticos cantos de sirena o elucubraciones oportunistas. El leninismo corresponde al desarrollo del marxismo ante la inmediatez de las tareas relativas a la ruptura revolucionaria y en el marco de una nueva fase del capitalismo, decadente e imperialista. Por ello es justo denominar marxismo-leninismo a la cosmovisión del proletariado internacional que lo arma en su objetivo del derrocamiento del viejo mundo y la construcción de lo nuevo, el socialismo-comunismo.

 

Lenin en defensa del marxismo

 

“Lo único que sabíamos, lo único que nos habían indicado

con exactitud los mejores conocedores de la sociedad capitalista,

los más grandes cerebros que previeron el desarrollo de esta sociedad,

es que la transformación debía seguir, de modo históricamente inevitable,

una gran línea determinada; que la propiedad privada de los medios de

producción estaba condenada por la historia, que reventaría, que los 

expropiadores serían expropiados sin remedio. Todo eso fue establecido con exactitud científica.”


V. I. Lenin

 

Vladimir Ilich Lenin asumió la lucha política desde el marxismo. Con profundidad y rigor estudio las obras de Karl Marx y Friedrich Engels, siempre de manera indisociable de la acción, de la práctica revolucionaria. Esto tanto en la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y durante la conformación del bolchevismo, que daría origen al partido independiente y revolucionario de la clase obrera  y que, a partir de 1917, adquiriría la denominación de Partido Comunista (Bolchevique).

                Lenin desde joven fue un persistente impulsor de la introducción del marxismo en Rusia. Existen distintos ejemplos de lo anterior, entre ellos la traducción al ruso de obras fundamentales como la correspondencia entre Marx y Kugelman. No tardó tiempo para que, en esa labor teórica y práctica, Lenin chocara con la corriente que al interior de la socialdemocracia rusa y de la II Internacional realizaba una labor de deformación y mutilación de las tesis revolucionarias del marxismo. Lenin, junto con marxistas de otras nacionalidades, desarrolló una lucha consecuente contra el oportunismo, el revisionismo y el reformismo.

La esencia del oportunismo así fue definida por Lenin: “La defensa de la colaboración de clases, la renuncia a la idea de la revolución socialista y a los métodos revolucionarios de lucha, la adaptación al nacionalismo burgués, el olvido de las fronteras históricamente transitorias de la nacionalidad o de la patria, el fetichismo de la legalidad burguesa, la renuncia al punto de vista de clase y a la lucha de clases por temor a que “se aparten de las amplias masas de la población” (léase la pequeñaburguesía); tales son, indudablemente, los fundamentos ideológicos del oportunismo”.

La corriente oportunista se fue afirmando mayoritaria en los partidos de la II Internacional. Se presentaba como “ortodoxa” cuando en realidad elevaba a dogmas algunas de sus posiciones e impidiendo el desarrollo teórico en donde era necesario; por ejemplo, elevaron a dogma central la forma de lucha parlamentaria y consideraron caduca la revolución. Detrás de tal dogmatismo se enmascaraba el revisionismo. Junto con Rosa Luxemburgo, Lenin desmontó los argumentos de Bernstein y de los mencheviques.

El oportunismo rendía culto a la espontaneidad, prohijaba el economicismo y llevaba al proletariado a la impotencia política. Por ello, Lenin insistió siempre en que la lucha por el socialismo es imposible sin la lucha irreconciliable contra el oportunismo.

De la lucha de Lenin contra el oportunismo, el revisionismo y el reformismo, de la lucha de Lenin contra Bernstein, Kautsky, y otros, el Partido Comunista de México extrae lecciones fundamentales que tienen plena vigencia, pues el oportunismo como agente burgués en el movimiento obrero mantiene su actividad, en ocasiones con nuevos ropajes, y lo cual vuelve imprescindible para la existencia del Partido Comunista una actitud irreconciliable contra el oportunismo; mismo que hoy, inclusive desde las filas del movimiento comunista internacional y no sólo de la socialdemocracia, preconiza posiciones de colaboración de clase y de gestión del capitalismo a través de propuestas como los “gobiernos de izquierda”.

El bajar la guardia contra el oportunismo llevó a la liquidación a varios partidos comunistas, entre ellos al de México; y la difícil reorganización nos indica que tal frente ideológico es una condición para la existencia y desarrollo del Partido Comunista.

Respecto a las aportaciones teóricas de Lenin

La defensa del marxismo, de la mano del análisis de la realidad, llevó a Lenin a enriquecer el marxismo como teoría revolucionaria.

Desarrollando el estudio de la economía política marxista, Lenin aportó la teoría del imperialismo como la nueva y última fase del desarrollo del capitalismo. Dicha teoría es vital en la actualidad para comprender la dinámica del capitalismo y el vínculo entre la crisis del capitalismo con la guerra interimperialista. Lenin define la nueva etapa del capitalismo con base en el desarrollo material de tal modo de producción y destaca que la existencia de monopolios y la exportación de capital son elementos centrales del imperialismo, sin desestimar las demás características. Advertimos que el revisionismo ha querido deformar el significado del imperialismo reduciéndolo a una política de expansión militar, y por ello usan imperio e imperialismo como categoría similares. 

La afirmación de que el imperialismo es la última fase del capitalismo y que todos los países están insertos en la cadena imperialista da por resultado que, atendiendo el desarrollo desigual, sea factible romper la cadena imperialista por el eslabón más débil. Pero el mismo hecho de que todos los países se encuentran insertos en el imperialismo origina que a nivel mundial las condiciones materiales de la revolución socialista se encuentran dadas, pues donde sea que exista capitalismo hablamos ya de un sistema económico caduco y agonizante. El imperialismo inaugura la época de revolución social.

El enriquecimiento del marxismo también lo desarrolló Lenin con la teoría del Partido. Es erróneo buscar una desarrollada teoría del Partido en la obra de Marx, pues aunque su experiencia militante dio por resultado apreciaciones útiles para la organización política del partido del proletariado, es a Lenin a quien en el desarrollo de su labor política le tocó acuñar las características del partido de nuevo tipo. Siguiendo a Engels, Lenin destacó la importancia de la lucha ideológica como elemento esencial para la construcción del Partido de nuevo tipo; en torno a la ideología se desarrolla la unidad teórica y práctica. La tesis de que el movimiento obrero divorciado del marxismo tiene límites economicistas y la afirmación de que la consciencia revolucionaria sólo puede venir del exterior del movimiento, son elementos centrales con los que se afirma la imprescindible necesidad del Partido Comunista como instrumento para la transformación revolucionaria. No es casual que esta sea una de las tesis más atacadas en la actualidad y para sustraer del marxismo su carácter revolucionario.

Otra aportación de Lenin al marxismo es el desarrollo de la teoría del Estado. Al señalar el carácter de clase del Estado y su esencia de aparato represivo a favor de una clase y en contra de otra, también señaló las tareas generales de la revolución: la destrucción del Estado burgués; y la constitución del Estado proletario, que da origen a la teoría de la Dictadura del Proletariado como elemento necesario e insustituible. La relevancia y vigor de la teoría del Estado se demuestra en el triunfo de la misma Revolución Socialista de Octubre, pero es necesaria para todo análisis político.

Lenin también realizó contribuciones notables a las bases teóricas del marxismo con su estudio de los aspectos filosóficos del mismo. Sistematizó las bases epistemológicas del materialismo dialéctico y aplicó dicha filosofía al estudio de la sociedad y la naturaleza. Las obras de Lenin tituladas Materialismo y empiriocriticismo, así como los Cuadernos filosóficos, son pilares de la filosofía marxista-leninista.

 

La práctica marxista del Leninismo

El leninismo reafirmó y actualizó el carácter revolucionario del marxismo en las organizaciones partidarias constituidas a propósito del socialismo-comunismo. Su labor transformó, en primera instancia, aquellas que se denominarían bolcheviques en el territorio multinacional de la vieja Rusia zarista, pero su alcance y profundidad alcanzaría toda una época universal de fundación de Partidos Comunistas y Obreros que prosigue en medio del conflicto contemporáneo. 

El leninismo, que tiene en 1902 un punto de quiebre en la lucha contra las tendencias oportunistas que conciben al movimiento obrero como un apéndice del liberalismo burgués en complicidad con la antigua autocracia y la moderna plutocracia del capital, imprimió un conjunto de elementos que transformaron a las organizaciones que entonces y en el discurso de autodenominaban marxistas, y que gracias a ellos podrían afrontar nuevos retos y dificultades en el movimiento obrero.

Durante quince años el leninismo modeló un Partido de vanguardia que sirviera a la clase obrera para la ruptura multifacética con la vieja sociedad de clases que se niega a morir. Estableció desde los tiempos remotos del ¿Qué Hacer? la bandera de la independencia política, organizativa e ideológica del partido revolucionario de la clase obrera y el rechazo firme a toda colaboración de clases con la burguesía. En los episodios revolucionarios de 1905 y 1917 el leninismo ratificó ese principio.

Escribió con tinta indeleble la personalidad del agente revolucionario de carácter colectivo: la resolución y oportunidad en la acción; la preparación profunda, meticulosa y especializada de la agitación, la propaganda y el desarrollo de la consciencia revolucionaria; la unidad de los comunistas en base a principios y no en fórmulas, convenios o propósitos coyunturales; la sistematicidad en la creación de un Partido para la Revolución Social y no de un partido democrático multi-clasista para la gradualidad de las reformas sociales; el estudio constante y científico del ejercicio revolucionario y del socialismo en detrimento del viejo curso político e ideológico que les envilecía y fosilizaba; la noción de nunca pervertir sino preservar el desarrollo ininterrumpido de la conciencia socialista de las masas obreras y sus aliados en el campo popular; la oposición vigorosa a toda iniciativa que buscara introducir de contrabando, en el campo del marxismo revolucionario, una nueva y reluciente batería de ideas y conceptos burgueses que desfiguraran o atrofiaran al partido marxista revolucionario.

                El leninismo estableció diversas pautas. Una de ellas es la que alerta y previene, en las distintas condiciones y matices de la sociedad burguesa, sobre juzgar a los hombres y sus proyectos organizativos por el brillo del uniforme que se han puesto ellos mismos o por las pomposas definiciones que a sí mismos se atribuyan; sino procurar hacerlo en base a sus actos, por las ideas que propagan en la realidad y por los hilos que los unan o contrapongan con la esclavitud asalariada o la dominación de los monopolios.

Los esfuerzos de Lenin en la educación de una joven y cualitativamente distinta generación de revolucionarias y revolucionarios –cuya continuidad asciende a décadas de redoblados esfuerzos y ya trasciende tres siglos– han sentado las bases para resolver una miscelánea de dificultades. Entre ellas el tránsito efectivo desde la concepción del Partido como la unión de elementos heterogéneos bajo una supuesta bandera común hasta la concepción renovada de que el Partido es una fortaleza inexpugnable, diestra en los tiempos de paz o de guerra, experta en los vaivenes de la legalidad o de la ilegalidad, y profesionalizada en el arte de la conspiratividad.

Es con Lenin, y con los viejos y nuevos leninistas, que el Partido Comunista alcanza nuevos criterios en su conformación. Es el leninismo el que sienta las bases de su reorganización en estrecha sintonía con los propósitos sociales de la rebelión, la insumisión y la revolución. Recupera los aspectos fundamentales que al respecto habían establecido los gigantes que le precedieron, entre ellos K. Marx y F. Engels, e imprime un nuevo derrotero a la construcción del Partido marxista.

Todo y nada ha cambiado desde el nacimiento de Lenin y la sociedad imperialista que le hizo abrir los ojos por primera vez, y frente a la cual dedicó todas sus energías a combatirla y derrocarla. La reorganización partidaria se consumó ciencia; se dotó de estructura y sistema; se le allanó de antiguas verdades, consideraciones doctrinarias, fraseologías o hábitos protocolarios en los que subyacían –y subyacen – la capitulación y la sumisión a las verdades eternas del mercado y la plusvalía; y se introdujo la finitud y la valía del trabajo gris y silencioso, obstinado y permanente; los vínculos partidarios; la más amplia democracia y su fusión con el centralismo; la supeditación del individuo a la organización y de los intereses particulares a los asociados directamente con el socialismo-comunismo. El ser marxista dejó de ser sinónimo de legalidad y prestigio en la sociedad burguesa y ocupó su verdadera dimensión: la concatenación de voluntades, disciplinadas, férreas y pertrechadas de los anteojos del nuevo mundo, para asumirse proscritos del capitalismo y por el parto doloroso del proscrito Poder Obrero. El leninismo sentó las bases para la obsolescencia del “comunista sin partido y sin siglas”, y para el auge del comunista organizado, del actuar monolítico, inflexible y pertinaz, acorde con las necesidades del movimiento obrero, en toda su complejidad y hacia su emancipación social.  

Es al leninismo, al comunismo militante, al que debemos reconocer la bandera vigente de los revolucionarios marxistas: sólo se es comunista cuando se participa activa y decididamente en una organización del partido; sólo se es comunista cuando se estudia, asimila y contribuye organizadamente a la elaboración y puesta en práctica de un Programa revolucionario, y a la fusión creativa del mismo con el conjunto del movimiento obrero; sólo se es comunista quien contribuye organizadamente al desenvolvimiento de sus finanzas, de su táctica, de su estrategia, de su teoría.

“Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia”, escribió Lenin en el ¿Qué Hacer?. El leninismo hecho Partido restituyó la lucha teórica e ideológica como aspecto prioritario en la actividad organizada de los y las comunistas. Subrayó con tesón que toda indiferencia por la teoría era y es mortal; al igual que lo son las concesiones teóricas. Y encargó a la teoría, como tejido fino del Partido revolucionario, la batalla cotidiana contra el culto y la resignación a lo existente y a lo espontáneo. El leninismo, el comunismo militante, restableció de una manera nueva la urdimbre entre teoría y acción partidaria, entre teoría y acción de masas, entre teoría y revolución.

Y a este respecto habría que destacar que en Lenin y en el leninismo siempre se considera fundamental el análisis de los conceptos y las categorías de pensamiento. La teoría en el leninismo es revolucionaria porque no busca atenuar el mal y las epidemias de la sociedad, sino su completa erradicación. En el leninismo la teoría y la lucha ideológica son educación política para los cuadros, para las masas obreras y sus aliados. Y dicha teoría se circunscribe al triunfo, en todos los casos y escenarios, de la revolución socialista.

La práctica del leninismo sentó las bases para el ejercicio intelectual del mundo nuevo. Inició la labor de sustituir al intelectual pulcro e individualizado, preocupado por su moralidad y la percepción que de él pueda tener la sociedad burguesa, por la intelectualidad colectiva del Partido. El leninismo instituyó una nueva cultura, que hoy continuamos. Esa cultura es la del estudio de los fenómenos de la sociedad y el análisis concreto de la realidad concreta. Ahí donde hay oscuridad existe un esfuerzo por realizar, ahí donde hay más preguntas que respuestas late una problemática por resolver. Como se subrayó con anterioridad, Lenin puso la muestra con sus estudios sobre filosofía, el Estado, el imperialismo, la construcción del socialismo, entre otros, en los momentos en que la lucha de clases colocaba tales aspectos sociales en espera de urgente discernimiento y en interrelación directa con el curso revolucionario a seguir, con la labor de esclarecer el rumbo al socialismo-comunismo.

Lenin y los comunistas formados en su ejemplo han posibilitado el restablecimiento de la asimilación y la implicación de la dialéctica y el materialismo militante en el análisis de la sociedad burguesa y en la práctica revolucionaria por superarla de raíz. La interdependencia universal de todos los fenómenos sociales adquiere un rango de identidad en la práctica leninista y con ello el Partido Comunista se dota de una herramienta sagaz y científica frente a todas las contradicciones modernas.

El leninismo es internacionalismo. Así se constata cuando se afirma que el movimiento comunista es internacional por naturaleza. Lenin establecía: “Esto no significa únicamente que debamos combatir el chovinismo nacional. Significa también que el movimiento incipiente en un país joven sólo puede desarrollarse con éxito a condición de que aplique la experiencia de otros países. Y para ello no basta conocer simplemente esta experiencia o limitarse a copiar las últimas resoluciones adoptadas; para ello es necesario saber enfocar de modo crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo.” Es internacionalista porque las conclusiones son de extrema importancia para todos los Partidos Comunistas y Obreros del mundo, ya el siglo XX demostró como bajo su guía se han constituido partidos revolucionarios en todos los continentes, en todas las esquinas y rincones del planeta. El leninismo es internacionalismo, y como muestra la dedicación al tema en plena labor insurrecional en Rusia, entre febrero y octubre de 1917. En los manuscritos de la Tesis de Abril ya se establecía: renovación de la Internacional, crear un centro revolucionario internacional.

El leninismo no admite confusión y capitulación: la verdadera y única fuerza realmente revolucionaria contra el imperialismo es la clase obrera. Los tiempos trágicos de ayer y de hoy así lo confirman. Frente a la multiplicidad de voces que antes o después han insistido en que nuevos sujetos sociales son el eje de la transformación social, el leninismo se caracteriza por sostener, en toda nuestra época imperialista y de incipiente revolución social, que la clase obrera es la clase del hoy y del porvenir.

La práctica de Lenin, del leninismo, de la Gran Revolución Socialista de Octubre y hacia la consumación, por todos los medios de lucha, de la naturaleza revolucionaria de nuestra época, resultan de una vigencia extraordinaria. Es una labor a profundizar en las filas de los Partidos Comunistas, en su accionar, en su táctica, en su estrategia, en su Programa, así como en la reorganización de los partidos revolucionarios en la órbita del leninismo para el pleno restablecimiento de la lucha de clases por la ruptura con la barbarie capitalista y por la dictadura del proletariado.

El Partido Comunista de México rinde homenaje a Lenin en su acción diaria por el estallido y triunfo de la Revolución Socialista en México, en la práctica consecuente del internacionalismo proletario, en su papel activo en el movimiento comunista internacional. Con Lenin reiteramos la convicción de qué:

 

Únicamente la revolución proletaria, socialista, puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas. Sean las que fueren las dificultades de la revolución y sus posibles reveses temporales u olas de la contrarrevolución, es inevitable la victoria definitiva del proletariado.

 

Por eso se plantea en el orden del día de la época que vivimos, dadas las condiciones objetivas, la preparación inmediata del proletariado en todos los aspectos para la conquista del poder político a fin de llevar a cabo las medidas económicas y políticas que forman el contenido de la revolución socialista.”

 

Armado del marxismo-leninismo, el Partido Comunista de México nutrido de las filas de la clase obrera, de la juventud trabajadora, de la mujer trabajadora, de los trabajadores migrantes, de los desempleados, de los oprimidos de los pueblos originarios, aspira a rendir homenaje a Vladimir Ilich Lenin con la Revolución Socialista victoriosa en nuestro país, dando su esfuerzo diario para ese objetivo.

 

¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Viva Vladimir Ilich Lenin!

¡Viva el marxismo-leninismo!

 

El Comité Central del Partido Comunista de México